Llegué tranquilísimo a las ocho y cuarto de la mañana. El primero. Hacía una semana que había empezado en la empresa.
Tiré el morral abajo de escritorio como siempre -bah!, como desde el lunes-, prendí la máquina y mientras esperaba que cargara, me fui a hacer un cafecito. Qué lindo, viernes era.
A las nueve menos diez cayó Ramiro, un suizo con nombre latino que practica español conmigo. Me jodía un poco esa barba candado que tenía, debo admitir. Ya le había enseñado la palabra "boludo", y como le conté que en Argentina la usamos en cada oración que decimos, el pibe hace lo mismo. Pero lo entona de manera rara y me jode un poco. No sé, creo que le pifié en contarle sobre la frecuencia del uso de la palabra.
-Bueno día!......., boludo! -me dice-
-Che, Ramón. Escuchame una cosa. En realidad no es que la usamos siempre la palabra. Me confundí, o me entendiste mal. No sé, puede ser la segunda. En realidad no la usamos nunca. Es muy ofensivo.
-Cómo?, tú me has dicho que...
-No. Seguro me entendiste mal. Ni la usamos esa palabra.
-Uh!, disculpame entonces.
-No pasa nada, boludo. Digo!, no te hagas drama.
Después de ponerle los puntos a Ramiro, y ya terminado el cafecito, entro a abrir los programas del laburo en la compu. Pispeo el féisbun, mis mails y arranco.
En un toque me estiro para atrás para bostezar, Ramiro me ve y me dice:
-Qué hacés así?
-Así cómo? -le digo-
-Así vestido...
-Qué pasa?, es viernes, boludo. Casual day, o no?
-No. Acá no hay casual day. Nunca hubo, al head de la empresa no le gusta.
-Boludo, me estás jodiendo?, y ahora qué hago?, empecé el lunes!
Me había venido con un jean medio caído; unas zapas tristes, pero nuevas; y arriba la zafaba un poco porque me había llevado un pulovercito. Al segundo que me entero que le había pifeado como loco, empieza a caer la gente, y entre todos, mi jefa.
-Uh, boludo. Qué hago ahora?
-No sé.
-Cómo no sé, boludo? Dame tus pantalones!
-No, cómo?, y yo?
-No tenés otros pantalones?, en esa mochila de mierda que traés no tenés nada?
-No, no tengo nada ahí. Sólo un táper.
-La concha tuya Ramiro, dame al menos los zapatos.
-No.
-La concha tuya Ramiro!, ayudame.
-No sé que decirte. Yo me quedaría sentado en el escritorio todo el día. Así no te ven la parte de abajo. De arriba no estás mal.
-No!, me quiero morir, boludo!
-Me vas a tener que ir a comprar algo para morfar a la hora del almuerzo, boludo. No puedo pararme. Estoy clavado acá para siempre. Lo único que falta, empecé el lunes Ramiro!, me van a echar si me ven así!
-No puedo comprarte nada, tengo que hacer una presentación en otro departamento yo.
-Presentación de qué?, Ramiro la puta madre!, ayudame un toque!, y si me dan ganas de mear?, qué hago?
-Yo me aguantaría...
-Me estás cargando?, ocho horas sin ir al baño?, me hablás en serio?
-Yo puedo...
-Entonces dame tus pantalones, Ramiro! me dan ganas de cagarte a palos! no me hagás calentar!
-No puedo...
-Sabés qué Ramiro?, por qué no te ponés a laburar?, no me servís.
El puto de Ramiro no me tiró ni una soga, y quedé clavado como un pelotudo detrás del escritorio para que nadie vea lo desubicádamente vestido que me fui a laburar ese día.
-Ramiro!....Ramiro! -le gritaba en voz baja-
-Qué?
-Me pudiste haber dicho que no hay casual day, no?
-No me imaginé...
-Ramiro, decís una palabra más y te pongo. Te lo juro.
-Bueno...
-Callate o pensá!
Estaba desesperado. Encima como un pelotudo, antes del café me había tomado en casa como dos mate cocido.
-Cuchame una cosa Ramiro, vas a tener que salir a comprarme unos pantalones baratos.
-Adónde?, no hay nada cerca acá. Además, a las once tenemos una reunión con el team. Vamos a hablar el tema de la distribución de mercados y quién se va a encargar de cada uno. Por otro lado tenemos que delegar trabajo a los de ventas porque...
-Me cansate!
Me tiré debajo de mi propio escritorio para que nadie me vea. Me pasé al de Ramiro, y cuando llegué le pegué un tirón de los talones que lo dejé sentado de culo en el piso. "Vení, vení para acá", le decía. Ramiro había desaparecido de la visión de la oficina de la misma manera que desaparece una zanahoria de huerta infestada por topos. Ahí mismo cerré mi mano derecha al gran estilo saludo nazi y le sortié un golpe karateka en la nuca que lo lo dormí al instante. Lo dejé desnudo ahí tirado, le afané el pantalón -cinturón incluído-, los zapatos, y ya que estaba la camisa.
Me levanté y arrimé su silla al escritorio para taparlo y que nadie lo vea.
Se hacían las once y me tuve que ir a la reunión. La jefa me preguntó por él, y si lo había visto en la mañana. Le dije que no, y que me parecía haber escuchado el día enterior que no iba a venir.
Cuando terminó la reunión se hizo la hora del almuerzo. Me acerqué al escritorio de Ramiro y todavía seguía ahí tirado. Me agaché y le saqué la mochila esa de mierda que siempre traía.
Una ensalada apestosa de atún tenía, con fideos o algo así. Me hizo enojar más. Me paré y disimuladamente le di unas pataditas más en el estómago. Me agaché de nuevo y le afané cincuenta francos. Ahí mismo me fui a un Mc Donalds.
Al otro día me llamaron y me despidieron por teléfono. Ramiro me mandó un mensaje de texto pidiéndome pedón porque no había llegado a decirme que el 2 de abril era el día de los inocentes, y que sí había casual day en el trabajo.