Salseros
-¿Cómo es lo
tuyo? –pregunta el salsero-
-Bailo. Bueno, desde
chico que me gusta la salsa –responde el salsero- ¿Y vos?, ¿cómo es lo tuyo? –pregunta el salsero-
-Bueno, a mi me
gusta la cocina desde chico, me especialicé en salsa. Yo que sé, ¿dónde bailás
vos? –responde y pregunta el salsero-
-Ah, mirá vos. Yo
que sé, donde sea. Aprendí en Cuba. –miente el salsero- . A vos, ¿quién te
enseñó a hacer salsa? –pregunta el salsero-
-Mi abuela me
dijo que era muy bueno, que tenía idea. Ahí me metí en la mejor escuela de
salsa de Argentina. –miente el salsero-
-Ah. Mirá vos.
Bueno, un gusto conocerte. –se va despidiendo el salsero-
-Igualmente –responde
el salsero-. Cuando quieras vení que te hago unos ñoquis con salsa –propone el
salsero-
-Dale, -responde
el salsero-, y vos cuando quieras te puedo dar clases de salsa. –responde el
salsero-
-Pero mirá que yo
sé hacer salsa, eh. –responde el salsero-
-Sí, sí. –responde
el salsero-, pero la otra salsa sabés vos.
-La salsa es una
sola. –replica el salsero-
-Está bien, está
bien. –tuerce el brazo en la discusión el salsero-
-Chau. –se despide
el salsero con aire victorioso-
-Chau. –Saluda la
novia del salsero que estaba ahí presenciando la charla-
-Chau. –responde la
novia del otro salsero-.

